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Desarrollo

El programar se está acabando

¿Seguirán riéndose aquellos que hace dos años reaccionaban con un emoji de risas cuando decía que la programación, tal y como la conocíamos, estaba llegando a su fin? Me gustaría saber qué piensan ahora, por simple curiosidad. Por aquel entonces me preguntaba si el código fuente terminaría convertido en una reliquia de museo, como las tarjetas perforadas, los Spectrum o los diskettes. Dos años después, cada vez tengo menos dudas de que así será.

Fragmento de código fuente iluminado sobre un fondo oscuro que se desintegra progresivamente en pequeñas partículas hasta desaparecer en un abismo negro.
El código fuente se desvanece, dando paso a una nueva era en la que las máquinas asumen cada vez más tareas de programación.

Cuando escribí aquel artículo en 2024, sabía que algo importante estaba cambiando, pero ni yo mismo imaginaba hasta qué punto lo haría en tan poco tiempo. Lo que entonces eran poco más que conjeturas empieza a convertirse en realidad, y lo más curioso es que apenas hemos tenido tiempo de asimilar un cambio cuando ya tenemos el siguiente encima. Dos años después, creo que merece la pena volver sobre aquellas palabras y ver qué ha sucedido desde entonces.

Los antecedentes

En el artículo original hacíamos un recorrido por la historia de la programación, desde las tarjetas perforadas hasta los lenguajes de alto nivel, pasando por herramientas como Adobe Dreamweaver, que ya intentaban eliminar el código fuente de la ecuación. No voy a repetir aquí toda esa historia, para eso está el artículo anterior, pero sí me gustaría recuperar una idea que entonces me parecía especialmente importante.

Hasta ahora, nuestra forma de escribir software siempre había ido cambiando de manera progresiva, con un periodo de adaptación más o menos natural. Cada nueva tecnología trataba de simplificar el proceso, de permitirnos hacer más con menos esfuerzo. El camino había sido largo, lleno de altibajos y de curvas, pero hasta entonces siempre habíamos tenido tiempo para ir adaptándonos.

Esta vez, sin embargo…

Está siendo muy diferente, ya se veía venir en 2024, cuando llevábamos apenas dos años con los LLM disponibles de forma pública. No tenía la certeza de lo que iba a suceder, no creo que nadie la tuviera, pero sí se podía intuir que estábamos ante algo que iba a cambiar radicalmente nuestra forma de trabajar.

El mundo de la programación tal y como la conocíamos se ha marchado ¿para no volver?

La actualidad

Aquí estamos, cuatro años después de la llegada de los modelos de Inteligencia Artificial generativa y dos años después de aquel artículo. Lo que entonces parecía un futuro todavía lejano ha empezado a formar parte de nuestro día a día. Herramientas que hace apenas dos años utilizábamos como asistentes para tareas puntuales ahora son capaces de asumir buena parte del trabajo que antes realizábamos nosotros mismos.

Siempre ha habido detractores, con todos los cambios muchos se han quedado en el camino, otros han sabido adaptarse y algunos lo han aprovechado para exprimir al máximo sus capacidades. La gran mayoría, simplemente han claudicado ante las nuevas maneras de trabajar tratando de mitigar al máximo los inconvenientes.

¿Cómo iba a cambiar la programación en tan pocos años hasta el punto de no necesitar ni escribir una simple variable?

Y es que en la actualidad, a nivel de programación, son cada vez menos los que escriben código fuente a mano. Algunos siguen haciéndolo por resistencia al cambio, otros por objeción y otros simplemente por descontento con las nuevas herramientas, pero la realidad es que, en el día a día, cada vez son menos las líneas de código escritas por seres humanos y cada vez más las generadas por las propias máquinas.

Es mucho más fácil escribir software que antes, hasta el punto de que gente sin conocimientos técnicos es capaz de crear programas para facilitar sus propios procesos. Las tiendas de aplicaciones ya están empezando a ver un incremento exagerado en el número de solicitudes, mientras que plataformas como Google Play han endurecido los requisitos para publicar nuevas aplicaciones.

Son muchos los que dicen que la programación ya no es el problema, mientras que algunas empresas ya empiezan incluso a obligar a sus empleados a utilizar la IA. Los cimientos sobre los que antes se sostenía toda la industria han sido volatilizados en cuestión de unos pocos años y aún estamos en pleno terremoto.

Las dos caras de la moneda

Por supuesto que no todo son ventajas, desde los problemas y costes ocultos que conlleva programar por intuición, hasta la posibilidad de que estemos sacrificando la calidad del software a cambio de desarrollarlo cada vez más rápido.

Es cierto que estas herramientas permiten desarrollar software a una velocidad que hace apenas unos años parecía imposible, pero también lo es que no todo lo que generan tiene por qué ser correcto, seguro o siquiera mantenible a largo plazo. Al final, escribir código siempre fue sólo una parte del desarrollo de software y que ahora resulte mucho más fácil no significa que hayan desaparecido todos los problemas que lo acompañan.

Pero tampoco podemos ignorar las ventajas. Nunca antes había sido tan fácil convertir una idea en algo funcional, experimentar con nuevas soluciones o desarrollar herramientas que, hasta hace bien poco, habrían requerido semanas o meses de trabajo. Y para quienes ya tenemos conocimientos de programación, las posibilidades se han multiplicado hasta el punto de poder abordar proyectos que antes habrían sido impensables sin contar con un equipo de desarrollo o una cantidad considerable de tiempo y recursos.

Curiosamente, en aquel artículo ya decía que terminaríamos centrándonos más en la parte de negocio que en el propio código. Dos años después, en mi caso, esa predicción se ha convertido en realidad, ya he dejado prácticamente de escribir código fuente para dedicarme a organizar y dirigir agentes de programación, centrándome mucho más en el producto y revisando lo que generan para ofrecer un resultado de calidad.

Hace apenas dos años, decía que estas herramientas eran incapaces de integrar por sí solas algo tan habitual como un sistema de autenticación. Hoy, ese tipo de tareas ya no son precisamente las que me quitan el sueño. Antes, cuando escribía código a mano, era raro que consiguiese hacerlo compilar a la primera. Ahora, con la IA, lo raro es que no lo sea así.

Con todos sus inconvenientes, no parece que haya marcha atrás. Estas herramientas seguirán evolucionando, muchos de los problemas que hoy encontramos probablemente irán resolviéndose y nuestra forma de trabajar continuará cambiando, nos guste o no. La cuestión es que esto no está sucediendo únicamente en la programación y ahí es donde, en mi opinión, empieza “el verdadero problema”.

¿Y qué pasa con nuestros empleos?

La IA está siendo una revolución mayúscula no sólo en la programación sino en prácticamente todos los ámbitos, desde la educación hasta la salud, pasando por el arte. Todo está cambiando a un ritmo nunca antes visto y no tiene pinta de detenerse por ahora, eso sin tener en cuenta la prevista llegada de los robots, que humanoides o no, podrían terminar de dar la última estocada al panorama laboral tal y como lo conocemos.

Son muchos los que creen que los propios empleados están entrenando a las herramientas que terminarán por sustituirlos, aunque los datos, al menos por ahora, cuentan otra historia. Pero una cosa es lo que está sucediendo hoy y otra muy distinta lo que podría suceder dentro de unos años, especialmente si la evolución continúa al ritmo actual.

Como cada vez que aparece una nueva tecnología revolucionaria, muchos dicen que se crearán nuevos empleos que sustituirán a los que ahora se eliminan. Yo, personalmente, no consigo verlo, quizá queden “cuatro” empleos super especializados, pero me cuesta imaginar qué otros trabajos no podrán terminar realizando las máquinas, ya sean físicos o intelectuales.

Porque, por mentira o ficción que parezca, hemos conseguido reproducir, al menos en parte, capacidades que hasta hace bien poco considerábamos propias del intelecto humano antes de conseguir hacer lo mismo con nuestras capacidades físicas. Resulta curioso, porque en las películas de ciencia ficción siempre imaginábamos primero al robot y después su inteligencia, pero en la realidad parece que está sucediendo justo al contrario. Y si finalmente conseguimos resolver también ese otro pilar, un porcentaje enorme de las tareas que realizamos día a día en nuestros empleos podrían ser sustituidas por máquinas, que no sólo parece que podrán hacerlas mejor, sino también más rápido y, aun encima, ni se cansan, ni necesitan comer.

El más jugoso de los manjares para cualquier empresario que sólo mire los beneficios, es decir, casi todos.

El sistema

En un sistema capitalista como en el que vivimos esto es la gallina de los huevos de oro para las altas esferas. Trabajadores disponibles las 24 horas del día, los 7 días de la semana, que no exigirán vacaciones, ni pedirán aumentos de sueldo, ni se quejarán de que los hacen trabajar más horas de las que les corresponden. Lo que llevamos décadas viendo en las películas de ciencia ficción distópicas, convertido en realidad, el sueño de cualquier magnate, la trama de cualquier villano de película.

Si las empresas pueden producir cada vez más, gastando cada vez menos y necesitando cada vez menos trabajadores, ¿qué va a pasar con toda esa gente que depende de su sueldo para vivir? Porque está muy bien eso de reducir costes y aumentar beneficios, pero alguien tendrá que seguir comprando lo que esas empresas producen. No sé hasta qué punto puede sostenerse un sistema basado en el consumo si una parte importante de la población termina quedándose sin los ingresos necesarios para consumir. Y mucho menos si los beneficios de toda esa productividad terminan quedándose en manos de unos pocos.

El que pueda hacer que haga

Como dicen algunos en este mundo de consumismo exacerbado e individualista, en el que prima el beneficio propio al bienestar común, cada uno que se las apañe.

Esa parece ser la premisa. Una tecnología de este calibre requeriría de una sociedad unida y organizada para poder hacer frente a esa distopía que algunos auguran y que, de cumplirse, dejaría a mucha gente sin el sustento vital que hoy en día proporciona el trabajo. Pero lo que estamos viendo es todo lo contrario y me temo que, si quienes realmente tienen capacidad para hacerlo no empiezan a poner las protecciones necesarias para amortiguar lo que se nos viene encima, el golpe va a ser muy fuerte.

¿Estamos preparados?

Y volviendo a la programación, que al fin y al cabo es lo que me llevó a escribir este artículo, en 2024 planteaba que escribir código podría terminar convirtiéndose en un pasatiempo, mientras que quienes quisieran seguir dedicándose profesionalmente al desarrollo tendrían que adaptarse a otras formas de trabajar. Dos años después, viendo cómo han cambiado las cosas, diría que la forma tradicional de desarrollar software, tal y como la conocíamos, ya se ha marchado para no volver.

Podría llegar un momento, que todavía no sabemos si será alcanzable, pero que tampoco podemos ignorar, en el que las propias máquinas se programen a sí mismas y ni siquiera la inspección humana sea necesaria. Porque hay quien dice incluso que, a este ritmo de evolución, llegará un momento en que ni el más “inteligente” de los seres humanos será capaz de comprender el código fuente ni alcanzar los conocimientos de una máquina media.

Yo lo único que tengo claro es que ya hemos superado unas cuantas curvas, pero faltan muchas por venir y no sé si la sociedad está realmente preparada para esto. En mi humilde opinión, la “Inteligencia Artificial” es una tecnología que ha llegado demasiado pronto, cuando ni los propios sistemas humanos están preparados para adaptarse a los cambios a la velocidad que se están produciendo, pero eso es un tema que queda para otro artículo.