Ficción
Internet of People
Una entrevista de trabajo sin lugar de encuentro, un chip implantado al nacer y una sociedad que ha convertido cada aspecto de la vida en un dato accesible.
Todavía recuerdo cuando muchos nos quejábamos de cómo, inconscientemente, íbamos regalando nuestra privacidad al mejor postor. Aquella época en que las empresas comerciaban con nuestros datos, que nosotros les entregábamos a cambio de servicios. No pagábamos con dinero por herramientas que nos ayudaban a estar «más cerca» de los nuestros y de los no tan nuestros; nos comunicábamos a golpe de dedo, de forma instantánea. Todo parecía genial. ¡Qué tiempos aquellos!
Pocos se atrevían a vaticinar en qué acabaría aquella falta de cuidado por la propia vida. A quienes lo advertían se les tildaba de antisociales.
De compartir información a compartir nuestra vida
Mañana tengo una entrevista de trabajo y no necesito prepararme ni desplazarme a ningún sitio. No sé quién recopilará mis datos; solo sé que lo sabrá todo sobre mí: qué hago, dónde, cómo y con quién. También tendrá, al sonido de un «clic», mi historial médico, mis alergias y mis hábitos de sueño. Conocerá mi estatura, mis rasgos, mi fortaleza y mi resistencia. Aunque lo parezca, no es un juego: muchas empresas buscan perfiles «perfectos». Quienes no encajamos estamos destinados al fracaso.
El coste de estar siempre conectados
Ya no necesitamos aparatos para comunicarnos. Podemos hacerlo gracias al chip universal que nos implantan al nacer: es nuestra cartera, nuestro diario, nuestras credenciales y la llave de nuestras posesiones. También contiene nuestra calificación; más vale que no sea negativa si queremos llevar una vida que ellos llaman normal. Cualquiera puede valorarte y, si tu puntuación cae por debajo de tres, date por perdido.
Maldito día en que permitieron que me implantaran un chip. Antes llevábamos un DNI, una tarjeta identificativa que podíamos romper, aun con sus consecuencias. Ahora puedes quitarte el chip, pero los drones de vigilancia te noquearán en cuanto te detecten. Pueden localizar a una persona sin chip a más de quinientos metros y nunca estamos solos. Nadie puede salirse de lo establecido: es la ley, es la norma.
Lo llamaron la «era de la información». Llegó el «Internet of Things» y acabamos en el «Internet of People». ¿Cómo hemos podido ser tan inconscientes?




