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IA generativa / Narrativa2023

LAIA.

Un experimento para descubrir qué ocurre cuando el lector deja de seguir la historia y empieza a decidirla.

Periodo
2023
Contribución
Experimentación, producto y desarrollo
Estado
Prototipo retirado
Inicio de una historia interactiva en LAIA
Continuación generada de una aventura narrativa en LAIA
Parte de la trayectoria

Una historia sin caminos escritos

Siempre me parecieron interesantes aquellos libros en los que, llegado cierto momento, tenías que decidir qué hacer. Una elección podía mandarte varias páginas hacia delante, otra llevarte por un camino completamente diferente y, poco a poco, ibas construyendo tu propia aventura dentro de una historia que ya había sido preparada para ti.

Con LAIA quise experimentar con la misma idea, pero eliminando precisamente esa última limitación: ¿qué ocurriría si esos caminos no existiesen hasta que el lector decidiera recorrerlos?

La IA permitiría que la historia no tuviese que estar escrita de antemano. Podría inventarse mientras avanzabas.

Elegir y dejar que la historia responda

Después de cada parte de la historia, LAIA proponía tres decisiones posibles. El lector elegía una y esa elección, junto con todo lo ocurrido anteriormente, servía para generar el siguiente fragmento.

Cada decisión podía cambiar personajes, situaciones y dirección narrativa. Dos personas podían comenzar desde un punto parecido y terminar recorriendo historias muy diferentes porque el siguiente capítulo no estaba esperando en alguna parte: se creaba en ese momento.

Ahí estaba lo que realmente quería explorar con LAIA. No utilizar la inteligencia artificial simplemente para escribir una historia, sino convertirla en algo que reaccionase continuamente a quien la estaba leyendo.

Continuar era fácil. Saber terminar, no tanto.

El problema más interesante apareció precisamente donde menos lo esperaba: conseguir que una historia continuase era relativamente sencillo. Lo difícil era conseguir que supiese terminar.

Si no establecía límites, la IA siempre encontraba algo más que contar. Aparecía otro acontecimiento, una nueva decisión y después otra. La historia podía continuar prácticamente sin fin.

Pero imponer un límite rígido provocaba el problema contrario. Al acercarse al último capítulo, la narración podía pasar de estar desarrollándose con normalidad a intentar resolverlo todo de golpe, produciendo finales demasiado abruptos.

Terminé experimentando con una solución intermedia: conforme la historia se acercaba a su final, LAIA empezaba a recibir indicaciones para ir cerrando tramas y conducir progresivamente la narración hacia una conclusión.

Funcionaba, pero no siempre. Algunas historias encontraban un final bastante natural; otras seguían resistiéndose a terminar hasta que prácticamente no les quedaba otra opción.

Fue probablemente la parte más interesante del experimento: descubrir que generar más historia no era necesariamente el problema difícil. El problema era conseguir que la propia historia entendiese que había llegado el momento de dejar de contar.

LAIA pertenece además a un momento concreto de la evolución de estos modelos. Viéndolo ahora, resulta inevitable preguntarme cómo respondería el mismo experimento con las capacidades actuales. Quizá hoy el resultado fuese muy diferente. Y precisamente por eso sigue pareciéndome interesante haberlo intentado entonces.

El producto, en uso.

Elegir, continuar y descubrir una historia que todavía no estaba escrita.

El punto de partida establece el contexto desde el que comienza a construirse la historia.
Cada fragmento se genera teniendo en cuenta lo que ha ocurrido anteriormente.
Tres posibilidades permiten al lector decidir hacia dónde quiere llevar la narración.
La elección pasa a formar parte de la historia y condiciona lo que ocurre después.
Imagen