As night falls, the group makes their way back through familiar terrain, their spirits lifted by the successful mission, under a sky gradually filling with stars, signaling both the end of their journey and the promise of a new day

La primera expedición, segunda parte

Esta entrada es la parte 8 de 11 de la serie Diario de un desterrado

Ada, aun intentando recuperarse del golpe de luz y calor recibido al salir, trataba de reponerse mientras sus compañeros habían avanzado ya unos cuántos metros, medio cegado empezó a caminar intentando no tropezarse con nada, no podía quedarse atrás.

«Ada ve tú delante de mí», creo que será mejor que la primera vez vayas en el medio, recuerda mantener las distancias y estar atento a las indicaciones, Yak será el que nos guíe y todos le haremos caso a lo que diga, si el quiere la opinión o ayuda de alguien lo dirá. En momentos críticos la toma rápida de decisiones puede suponer la diferencia entre vivir o morir, mejor no discutir». Le dijo uno de sus compañeros invitándolo a pasar delante haciéndole reflexionar sobre la autoridad del líder en el grupo, lo vital de la cooperación entre todas las partes y la importancia de la frescura mental.

«Quizá algún día yo también pueda liderar mi propio grupo de buscadores», pensaba.

Medio encorvados caminaban sigilosamente por el terreno desierto esquivando ramas arbustos y piedras manteniendo una distancia segura entre ellos. Al llegar a las instalaciones abandonadas todos optan por recuperar su postura natural y descansar las articulaciones, hacía tiempo que habían dejado su casa atrás.

«Podemos parar aquí a comer algo, las sombras de algunas paredes de los edificios que aun quedan en pie nos pueden dar cobijo mientras cogemos algo de fuerzas para nuestra primera incursión al depósito», con las caras y ropas sucias del trayecto, sin mayor atisbo o intención de moverse asintieron, no debería haber vigilantes por la zona y un descanso de este sol justiciero se hacía bastante necesario, aun quedaban muchas horas por delante y mejor empezar a buscar con las fuerzas completas, además probablemente necesitasen hacer varias incursiones para llenar las mochilas.

Ada, que tenía una audición privilegiada escuchó unos ruidos muy a lo lejos, rápidamente avisó a sus compañeros de equipo, quienes interrumpieron su relajado momento de descanso para esconderse en unos recovecos de una de las paredes a las órdenes de Yak que rápidamente tomó el control de la situación.

Un camión de transporte de residuos estaba entrando al depósito seguido de su rebaño de vigías, no podían empezar la incursión hasta que se marchasen.

Procedió a erguirse y asomarse por encima de un cúmulo de escombros mientras elevaba su brazo con el dedo índice extendido hacia su cabeza haciendo un suave gesto en el lateral de la montura de sus gafas para hacer zoom y poder ver qué estaba ocurriendo. «Tomároslo con calma, parece que hay compañía».

«No entiendo qué hacen aquí, no son horas, algún gran evento ha debido ocurrir recientemente y estarán transportando toda su basura, la buena noticia es que parece que tendremos comida fresca».

Sin hacer mucho ruido continuaron a lo suyo esperando a ver si descargaban y se iban de una vez para poder entrar lo antes posible, en esta época anochecía más temprano y no sería bueno que cayera la noche.

Parece que los ruidos cesan y Yak se cerciora que el camión se aleja junto a su flota de protección, reúne al grupo de nuevo para avisarles que se marchan, enseguida iniciarán se infiltrarán en las instalaciones.

Tras un rato ultimando detalles Yak avanza confiado y seguro de sus pasos, Ada lo sigue de cerca, con las manos temblorosas pero esforzándose por no dejar que el miedo se apodere de él. Yak se detiene en una esquina y le señala el camino que deben seguir para llegar al bloque donde ha visto descargar el camión.

«Ada tú conmigo, vosotros dos rebuscad mientras por otros bloques, la comida es lo primordial, tengamos una comunicación constante, sobre todo en caso de peligro, nos reuniremos de nuevo aquí en una hora, activad los seguidores para que podamos saber nuestras posiciones en todo momento»

Ada asiente en silencio y juntos avanzan por el laberinto de almacenes y pasillos, llegan a una puerta cerrada que Yak abre sin titubear con ayuda de una ganzúa que saca de su bolsa de herramientas cuando de repente se escucha un ruido, Yak retrocede un paso extendiendo horizontalmente el brazo contra el pecho de Ada empujándolo para atrás. El ruido cesa, algo se debió mover al abrir la puerta porque allí no había nada ni nadie más que lo que estaban buscando, montones de comida.

El gobierno tenía un control minucioso sobre los suministros de alimentos, y los ciudadanos no tenían la capacidad de tomar sus propias decisiones sobre lo que podían vender, todo tenía que superar un estricto y agotador proceso burocrático, así que muchas veces los residuos eran desechados.

Ls líderes organizaban banquetes extravagantes y opulentos, que incluían los alimentos más exóticos y deliciosos, la comida fresca era exclusividad propia de las clases altas. Los mejores chefs de la ciudad eran contratados para prepararlos, sin embargo, una vez terminaban, lo normal es que todo fuera a parar a la basura.

«Vamos a ver qué más podemos conseguir por aquí» dijo Yak haciendo un gesto a Ada para que rebusque por las estancias cercanas a ver qué les puede ser útil, rápidamente habián conseguido casi todos los alimentos que necesitaban por lo que proceden a avisar a los compañeros y mientras la búsqueda continua en grupos de a dos, cada uno por su lado.

Yak y su grupo marcaban su retorno a través del terreno ya familiar, teñido ahora por las sombras alargadas del atardecer. Yak, con una mezcla de alivio y satisfacción, lideraba la marcha, consciente de que el trayecto de vuelta, aunque conocido, no estaba exento de riesgos. Se detuvieron brevemente para verificar sus hallazgos, confirmando que no solo habían conseguido lo necesario sino que, sorprendentemente, habían logrado recolectar recursos adicionales. Entre ellos, se intercambiaban miradas de complicidad, conscientes de la fortuna inesperada que habían hallado. Este botín no solo significaba un alivio inmediato para su comunidad, sino que también prometía una mejora notable en su calidad de vida, un respiro en su lucha diaria por la supervivencia. El grupo, unido en su éxito, compartía un sentido de orgullo y camaradería, reafirmado por haber logrado su objetivo sin la necesidad de arriesgarse en una segunda incursión. Con paso firme y renovado, se adentraron de nuevo en el manto protector de la noche, llevando consigo no solo provisiones, sino también un renovado sentido de esperanza.

La noche comenzaba a caer y el grupo sabía que debían seguir avanzando si querían llegar a casa a tiempo. Miraron hacia el cielo y pudieron ver las primeras estrellas aparecer en el firmamento antes de adentrarse de nuevo a los túneles que dirigían de vuelta a casa, a pesar del cansancio y la dificultad del camino se sentían optimistas y motivados por el éxito de su expedición.

Devuelven lo que habían recogido del almacén y lo registran en el documento de ingresos, cuando Ada se percata que Pet ya no estaba por el almacén, «¿Cómo habría terminado la película?», se preguntaba Ada sin siquiera saber por qué se estaba preguntando eso en ese preciso momento, «¡Qué cabeza la mía!», pensó, «Ya le preguntaré».

Depositan en el lugar indicado todos los recursos conseguidos para que la persona encargada del almacén pueda almacenarlos y organizarlos debidamente.

«Parece que ha sido un éxito chicos, ¡muchas gracias! Qué haríamos sin vosotros, ahora a tomaros vuestro merecido descanso.»

Juntos se van al comedor a cenar algo, Ada no podía evitar pensar en lo que habían logrado durante el día, una cantidad significativa de recursos muy valiosos y además habían trabajado bien en equipo y conseguido completar la misión sin incidentes. A medida que avanzaba la cena, el grupo compartía historias y reflexionaba sobre el día. Finalmente, después de cenar, cada uno se retiró a sus aposentos para descansar. La jornada había sido agotadora y todos necesitaban un buen descanso para estar preparados para lo que les deparaba el día siguiente.


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