Surrounded by the deep shadows of their subterranean environment, these figures become mesmerized by tools and devices that seem to whisper of a brighter, distant future

Miembro de la comunidad, primera parte

Esta entrada es la parte 3 de 11 de la serie Diario de un desterrado

Ada se despierta renovado temprano por la mañana dispuesto a comenzar con fuerza su nueva andadura, rápidamente se levanta de la cama, se ducha y sale de su habitáculo, Sam ya le espera en el pasillo. «Buenos días, Ada», dice con una sonrisa amable en su rostro. «Hoy te enseñaré un poco acerca de la comunidad, para que ubiques los lugares más importantes y vayas conociendo a la gente».

Aun medio dormido asiente y camina junto a Sam hacia una sala de reuniones en el centro de la estación, hay mucha gente trabajando, unas limpian las instalaciones, otras organizan las provisiones, otras simplemente van y vienen. Sam le explica que estará trabajando con un grupo de buscadores que, junto a otros, se encargan de mantener la comunidad abastecida.

«De primeras te dedicarás a salir con tus compañeros en las expediciones para obtener alimentos, herramientas o desperdicios que nos puedan ser de utilidad. Ven, quiero que conozcas a una gente», dice Sam mientras dirige su mirada de vuelta a la sala de reuniones.

An illustration of a closed tech department with a network of soft neon lights illuminates the hustle and bustle, casting a futuristic glow on the station's antique charm. It’s a harmonious juxtaposition of the past and the future, old world architecture embracing new world technology.

«Ellos son parte del grupo de exploradores, gente ágil y en forma, como tú, un pilar fundamental de nuestro bienestar. Parte de vuestra función es asegurarse de evitar que escatimen los recursos esenciales aquí dentro, como bien sabrás, una gran responsabilidad conlleva un gran poder, hay que tener cuidado y saber gestionarlo». Las expediciones al exterior podían ir acompañadas de imprevistos, había que estar siempre alerta.

Charlan entre ellos durante un rato, presentaciones de rigor, consultas obligatorias y una significativa discusión sobre el crucial papel que la administración de los medios juega en el florecimiento de su comunidad. Reflexionan sobre los errores del pasado, del manejo irresponsable que se hizo de los recursos disponibles que al final nos llevó al colapso, no podían permitirse volver a repetirlo.

Tras una conversación de minutos que casi se convierte en horas emprenden camino hacia el departamento de buscadores cuando se cruzan con Dav, un joven experto en tecnología y miembro del departamento de hackers, éste les saluda cordialmente y se acerca a Ada con determinación.

«¿Ada? Cómo te decía el otro día, necesitaría más información acerca de lo que has visto ahí fuera y si te has topado con algún artefacto interesante o novedoso, Si no es mucho problema podríamos hablarlo ahora.», era incapaz de ocultar su entusiasmo al poder recibir información actualizada sobre el exterior, el brillo en sus ojos le delataba, «Creo que tu experiencia y conocimientos nos pueden ser de gran ayuda».

Ada, extrañamente halagado, casi sin comprender el entusiasmo de Dav y la gran importancia que esa información podría tener para la comunidad asiente con un gesto de complacencia mientras juntos caminan hacia su departamento, un lugar repleto de cachivaches, artefactos raros por todas partes y luces, luces de colores y neón, muchas luces.

Ada escucha con interés las explicaciones de Dav sobre los avanzados utensilios cuando de repente «Mira esto», dice mientras muestra un dispositivo ligero y medianamente alargado, con dos partes bien diferenciadas en las que aparenta haber varios sensores. «Es un láser de alta frecuencia que puede desactivar temporalmente los sistemas de identificación de los drones de vigilancia, muy útil en las expediciones.» Sin dar pie a Ada siquiera a visualizar el instrumento Dav saca otro de su bolsillo, esta vez un pequeño objeto redondo y bastante más pesado que el anterior.

Dav desliza el objeto modesto pero imponente hacia Ada. «Esto,» dice con un deje de gravedad en su voz, «es nuestra bomba sónica. Un arma sutil pero poderosa, con el potencial de desactivar cualquier dispositivo electrónico. Sin embargo, guarda un secreto.» Las cejas de Ada se disparan hacia su frente. «¿Un secreto?», pregunta con sorpresa e incredulidad.

La mirada de Dav se vuelve intensa. «¿Alguna vez has pensado qué pasaría si nuestras propias herramientas de supervivencia fueran neutralizadas por la misma arma que nos protege? La bomba sónica, aunque invaluable, es también un arma de doble filo.» Ada permanece en silencio mientras su mente lucha por procesar las implicaciones. «Entonces, ¿solo se puede utilizar en situaciones de vida o muerte?» murmura finalmente. «Efectivamente, cada arma que poseemos conlleva un riesgo, una responsabilidad. La bomba sónica no es una excepción. Debemos usarla con sabiduría, siempre conscientes de las consecuencias que puede acarrear.»

Era evidente que Dav y su equipo habían puesto mucho esfuerzo y dedicación en sus creaciones, Sam que escuchaba en silencio la conversación interviene de repente, «Ada, no te preocupes, sólo trata de ayudar, él y su equipo son los mejores en su trabajo, siempre tienen en cuenta las posibles consecuencias durante la creación de sus artefactos. Estoy seguro de que tendrás mucho que aprender de ellos, de todas formas, no está de más seguir sus indicaciones».

Inmerso en la profundidad de sus pensamientos y reflexionando sobre si habría preguntado una estupidez sin quererlo Ada nota como Dav se le acerca con el brazo extendido y el dedo índice estirado hacia su frente con lo que parece una pequeña pegatina redonda de color verde, se la pega y hace lo mismo en su propia frente. «¿Y esto?», pregunta exaltado, «Nunca olvides llevarlo, puede salvarte la vida en cualquier momento, elude la identificación remota de los vigilantes mientras la lleves puesta, eso sí, sólo funciona con los patrulla, los más habituales por las calles, los de nivel superior ni se inmutan, es más, te hará parecer todavía más estúpido», se ríe.

An illustration of two people walking along the dimly lit corridor, their shadows dancing on the station's cold, concrete walls. They talk one of them, tower of stoic resilience, listens intently to the other, his gaze carrying the wisdom of years living under the oppressive regime.

Ada, perplejo ante la situación, tratando de asimilarlo observa a Dav alejándose hacia el lado opuesto de su espacio de trabajo, no sabía cómo tomarse realmente sus palabras pero en el fondo estaba impresionado con la facilidad que manipulaba los componentes electrónicos. «Son muy ingeniosos estos chicos», dice Sam desde la distancia. «Precisamente eso es lo que les hace tan valiosos, cualquier imprevisto ahí fuera puede echar todo a perder de no ser por las defensas que esta gente nos proporciona», su tez se tuerce seria de repente. «Nunca sabes qué te vas a encontrar, es importante estar siempre preparados».

La hora del almuerzo se acerca, Sam y Ada deben continuar su camino. «Continuemos, dejemos a Dav aquí con todos sus cacharros», dice con un ligero tono de urgencia. Casi totalmente concentrado en lo suyo éste se gira y responde con frialdad, «Sí, que estamos preparando unas cosas para la próxima expedición. Hasta la próxima.»

Con un ademán de la mano se despiden para continuar con su camino rumbo al comedor, iba siendo hora de ir introduciendo algo sólido al cuerpo. De camino, Sam, con genuina curiosidad pregunta a Ada sobre lo que había visto en el departamento de hackers. «¿Qué te ha parecido todo ahí dentro?».

Ada se detiene reflexivo pensando antes de responder. «Estoy realmente impresionado, no me esperaba que pudiérais hacer todo esto con los recursos de los que disponéis, al margen del sistema.»

Sam afirma condescendientemente con la cabeza, sabía perfectamente a lo que Ada se refería, vivir allí no era fácil aun a pesar de tener casi todas las necesidades cubiertas. «Estos chicos son unos genios. Es impresionante lo que pueden conseguir sin recurrir más que a los recursos que la sociedad desperdicia.», sentenció.

Ambos caminaban reflexivos, meditando sobre la situación y pensando en cómo habían llegado a esto cuando un ligero olor a maíz recién tostado se percibe en la lejanía haciendo conexión con lo más profundo de su cerebro, el comedor ya estaba cerca, las tripas empezaban a rugir. «Qué bien huele, me ha entrado hambre de repente», dice Ada.


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